Desde que el 15 de febrero de 2023 saltó a la luz que el Barcelona estuvo pagando durante 17 años a José María Enríquez Negreira, vicepresidente del CTA, mucho se ha hablado y escrito sobre el caso, se han celebrado juicios, ha habido denuncias, públicas y oficiales, se ha rellenado tertulias... El último ejemplo fue Florentino Pérez en su intervención pública ante los medios, donde dijo que iba a presentar un informe de más de 500 páginas a la UEFA con pruebas sobre el caso. Pero nadie ha presentado todos los números. El caso Negreira se encuentra actualmente en fase de instrucción judicial, avanzando hacia el juicio oral. El proceso está pendiente de la resolución de varios recursos y de la finalización de las diligencias para determinar la apertura de ese juicio oral.
De celebrarse el juicio, las consecuencias penales podrían incluir penas de prisión para los implicados y multas y sanciones administrativas para la institución. Se investigan los pagos recibidos por el ex árbitro entre 2001 y 2018. En medio de todo esto, el exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros no puede afrontar este proceso al haber empeorado de su demencia. Negreira acudió en marzo de 2026 al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cataluña, ubicado en la Ciudad de la Justicia, para someterse a una evaluación médica destinada a determinar si estaba en condiciones de declarar como investigado en la causa.
El informe forense recogió que, a nivel clínico, se observa un empeoramiento desde la exploración anterior, que fue realizada el 18 de enero de 2024. Con este nuevo escenario médico, todo apunta a que no podrá sentarse en el banquillo ni afrontar un juicio oral debido al delicado estado de salud que presenta actualmente. Les mostramos el análisis exhaustivo, completo y detallado que aún no se había hecho tras destaparse el 'caso Negreira', que generó un terremoto aún sin consecuencias. MARCA les ofrece, en este extenso y pormenorizado informe, cuál fue la actuación de todos los árbitros que ejercieron su labor durante la 'era Negreira', quien fuera vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros y que estuvo a sueldo del Barcelona durante siete años.
En ese tiempo, el excolegiado habría percibido 8,4 millones de euros. El concepto de los pagos, y la sospecha de que pudieran hacerse buscando un beneficio deportivo para el Barcelona gracias a hipotéticas ayudas arbitrales soliviantó a todo el fútbol español. Hasta el momento, nada se ha podido demostrar en cuanto a una posible actuación tendenciosa, orquestada o parcial (en todo caso delictiva) de los árbitros en favor del Barcelona o en contra de sus principales rivales. (El Real Madrid, tras mirar para otro lado durante la alianza por conveniencia con el Barça por la Superliga, cambió su estrategia tras el fracaso del proyecto de Florentino y ahora va a por todas en este asunto).
Amén de la hipotética corrupción deportiva (que de momento no traspasa la línea de la conjetura o la suposición), lo que ya es indiscutiblemente reprobable desde el punto de vista ético es que se llevaran a cabo esos pagos. A cambio de informes arbitrales, se excusa el Barça, cuya defensa está agarrada a un débil y muy poco creíble hilo argumental. Son casi nueve millones de euros, una cantidad (pagada bajo los mandatos consecutivos de varios presidentes) que no se puede justificar con vaguedades. Hasta ahora el relato expuesto no parece haber convencido prácticamente a nadie.
Mientras el caso se dirime en los juzgados y queda descartada la sanción deportiva por prescripción de un posible (e indemostrado) delito, aún faltaba en todo el 'sumario' del caso una información relevante: cómo había sido realmente la actuación de los colegiados en todo este tiempo. La pasada semana, en un momento dado de su ya histórica y estrafalaria rueda de Prensa, Florentino Pérez anunció que presentará ante la UEFA un informe de medio millar de páginas en torno a este caso. Es muy probable que parte de ese informe contenga los datos que hoy les mostramos en este reportaje. Aquí están recogidas las actuaciones de más de medio centenar de árbitros que dirigieron a Barça y Madrid durante esa época.
Lo que mostramos aquí son datos fríos, secos, impersonales. Son números objetivos, despojados de condicionantes. Las cifras, desnudas, tajantes, carecen de subjetividad. Es en un segundo momento cuando se deben aplicar las interpretaciones, las lecturas, los juicios críticos o los análisis.
Claro que estos datos no aportan información sobre un penalti no pitado, o pitado y que no fue, o faltas no sancionadas, o sancionadas sin serlo... en fin, todas esas decisiones que se toman según criterio personal y exclusivo del colegiado y que pudieran condicionar el desarrollo de un partido. Este informe numérico no ahonda en esos factores. Al presentar estas tablas, y antes de que cada uno se sumerja en su lectura o estudio, en mayor o menor profundidad, una pregunta surge de forma inmediata: ¿Se demuestra que ayudaron los árbitros al Barça? Lo cierto es que la conclusión que se saca, tras dedicarle un buen tiempo a tan compleja y densa información, es que no hay una respuesta afirmativa o concluyente en ese sentido.
Con estos datos en la mano, en mi opinión, no se puede asegurar de forma taxativa que los pagos sirvieran para ayudar al Barça. Al menos con evidencias cuantitativas. Muchos pueden sentir alivio ante esta reflexión, otros se notarán decepcionados. Nosotros nos limitamos a cumplir con una labor que faltaba por hacer en torno a este escándalo, que es este análisis exhaustivo de las actuaciones.
Ahí están las cifras, desapasionadas e imparciales, surgidas de un intenso buceo en los archivos. Exponemos los datos y a partir de aquí se abre la puerta a las opiniones. Desde que el 15 de febrero de 2023 se destaparan los pagos del Barcelona a José María Enríquez Negreira, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) entre 1994 y 2018, tras las informaciones del programa 'Que t'hi jugues' de SER Catalunya, el escándalo, investigado por la Fiscalía, ha sacudido al club azulgrana y a todo el fútbol español. La investigación se inició a raíz de una inspección fiscal a DASNIL 95 SL, propiedad de Enríquez Negreira, por la tributación de 1,4 millones de euros.
El 16 de febrero de 2023, el Departamento de Integridad de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) inició un requerimiento de información reservada a los responsables del Comité Técnico de Árbitros (CTA) y al Barcelona para conocer todos los detalles del caso. Días después, el 24 de ese mismo mes, el colegiado catalán Xavier Estrada Fernández presentó una querella criminal contra José María Enríquez Negreira y su hijo, Javier Enríquez Romero, por un presunto delito de corrupción deportiva. El 10 de marzo, la Fiscalía denunció al Barcelona y a sus expresidentes Josep Maria Bartomeu y Sandro Rosell por los pagos millonarios a José María Enríquez Negreira para "favorecer" al club azulgrana en la "toma de decisiones de los árbitros" en los partidos que disputase. LaLiga se presentó primero como acusación particular, y pocos días más tarde, la Junta Directiva del Real Madrid acordó personarse al margen de la patronal.
Posteriormente, la RFEF también se personó en el procedimiento. Finalmente, el Juzgado de Instrucción número 1 de la capital catalana admitió a trámite la denuncia de la Fiscalía contra el Barcelona y José María Enríquez Negreira por los pagos millonarios de la entidad azulgrana al exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. El 2 de junio, el juez acordó imputar a Javier Enríquez, hijo de José María Enríquez Negreira, y amplió la causa también por un delito de blanqueo. El 27 de ese mes, el juez desestimó la petición del Barcelona de ser acusación particular en la causa.
Enríquez Negreira acudió el 10 de octubre de 2023 al Instituto de Medicina Legal de Cataluña para ser examinado por un forense que debía certificar si padecía síntomas de demencia, que tras un informe pericial de la pasada semana concluyó que no podía ser juzgado. En marzo de 2023 la jueza titular amplió el plazo de instrucción seis meses adicionales. El pasado 10 de abril, el tesorero del Barcelona, Alfons Castro, compareció ante la jueza Alejandra Gil para responder por el caso Negreira. Una declaración de 10 minutos en la que aseguró que el club "cumple con todo".
Expertos jurídicos y medios deportivos prevén que el proceso, incluyendo el posible juicio oral y los recursos, podría extenderse varios años más. Mientras la justicia española avanza despacio, la UEFA mantiene abierta su propia investigación sin necesidad de esperar a ese desenlace. Las posibles sanciones abarcan desde la exclusión de competiciones europeas hasta la prohibición de fichar durante tres o cuatro ventanas de mercado. Llegados a este punto, MARCA ha analizado en profundidad a los 60 árbitros que cubrieron este periodo de tiempo en los que hubo 646 designaciones arbitrales y en el que Negreira recibió 8,4 millones de euros del Barcelona.
En ese contexto, este análisis estadístico no entra en el debate sobre la culpabilidad o inocencia de ninguna de las partes. Su objetivo es más acotado: examinar si los registros arbitrales del período analizado muestran, o no, patrones numéricos compatibles con un favoritismo sistemático hacia el Fútbol Club Barcelona. Para situar al lector, conviene explicar primero qué es el CTA. El Comité Técnico de Árbitros es el organismo de la Real Federación Española de Fútbol responsable de designar a los colegiados para cada partido de LaLiga y de supervisar su rendimiento.
Es, en la práctica, el organismo con poder para decidir qué árbitro pitaba a qué equipo cada jornada. Su vicepresidente, José María Enríquez Negreira, ocupó ese cargo desde 1994 hasta 2018 y, desde 2001, tal y como ha acreditado la Agencia Tributaria, el Barcelona le abonó 8,4 millones de euros a través de diversas sociedades. La naturaleza de esos pagos -si constituyen corrupción deportiva o una contratación de servicios de asesoramiento técnico- es precisamente lo que se dirime en el procedimiento judicial en curso. Este análisis no entra en esa discusión: examina exclusivamente lo que dicen los datos arbitrales.
El informe abarca las temporadas 2001-02 a 2017-18, las diecisiete en que Negreira recibió los pagos, con 646 designaciones arbitrales. De los 60 colegiados de este periodo, 23 permanecieron en Primera división todas las temporadas y 31 fueron internacionales. Otros, sin llegar a serlo, arbitraron partidos en Chipre (tres: Pizarro Gómez y Estrada Fernández aparecen nombrados públicamente, el tercero permanece sin identificar en los documentos judiciales accesibles) y encuentros amistosos de selecciones (cuatro). Cinco de los 60 nunca dirigieron al Barcelona por ser del Colegio Catalán y otros tres porque el CTA no les concedió ningún partido.
De los 52 restantes, 12 pitaron al Barça en menos de seis partidos, por lo que apenas se pueden sacar conclusiones. Seis partidos es el número mínimo a partir del cual los porcentajes dejan de depender casi por completo del resultado de un solo encuentro. Quedan, por tanto, 40 árbitros 'habituales' para dirigir los partidos del Barcelona durante este periodo, en los que ganó nueve Ligas, ocho directamente al Madrid, club que tuvo 36 árbitros 'habituales'. De este universo de árbitros que dirigieron partidos a dos clubes durante ese período, el análisis comparativo más exigente se restringe a los 32 colegiados que arbitraron como mínimo seis partidos a cada uno de los dos equipos.
A este subgrupo se le denomina a lo largo del informe árbitros pareados: son aquellos para los que existe una muestra suficiente con ambos equipos como para que las comparaciones tengan peso estadístico. Las métricas analizadas cubren cuatro grandes bloques: resultados (victorias, empates, derrotas y puntos), disciplina (tarjetas amarillas y rojas, propias y del equipo rival), penaltis (señalados a favor y en contra) y asignación (frecuencia con que cada árbitro fue designado para dirigir a cada equipo). Además, para determinar si las diferencias observadas entre los dos clubes son estadísticamente significativas o simplemente fruto del azar, se aplicó un test de permutación bootstrap con 10.000 simulaciones. La idea es sencilla: si se barajan aleatoriamente las etiquetas "Barça" y "Madrid" entre los árbitros del conjunto de datos diez mil veces y se mide qué diferencias produce el azar, se obtiene una referencia con la que comparar la diferencia real.
Si esa diferencia real queda dentro del rango que el azar produce habitualmente, no hay razón estadística para considerarla significativa. También se le aplicó un Índice Compuesto de Favoritismo (ICF). En síntesis, combina los resultados de cada árbitro con ambos equipos en un único valor: positivo si el árbitro tiene un patrón más favorable al Barça, negativo si lo tiene hacia el Madrid. Cuando se ponen sobre la mesa los resultados globales de 646 partidos, lo primero que llama la atención es precisamente lo que no aparece.
A nivel global, no parece que haya una ventaja masiva del Barcelona. No hay una diferencia que salte a la vista. Hay, en cambio, un empate casi fotográfico. El Barça ganó el 67,3% de sus partidos durante el período analizado.
El Barcelona acumuló 1.429 puntos. Doce puntos de diferencia en 646 partidos, que equivalen a 0,016 puntos por partido. Para que la cifra cobre dimensión: esa es la diferencia entre ganar un partido cada 187 jornadas. Estadísticamente, es invisible.
Para certificarlo, se aplicó el test estadístico de las 10.000 simulaciones en las que se barajan aleatoriamente los resultados entre ambos equipos. No hubo diferencias evidentes. Pero, al mismo tiempo, hay una segunda forma de leer estos mismos datos. No comparando al Barça con el Madrid, sino mirando sólo al Barcelona.
Con 40 árbitros habituales, el Barça superó sus propias medias de victorias, derrotas y puntos con 15 de ellos. Hasta ahí, nada llamativo. Lo que sí lo es es que con cinco de esos 15 árbitros -Undiano, Mateu, Ayza, Sánchez Martínez y De Burgos- el Madrid obtuvo al mismo tiempo resultados por debajo de sus propias medias. No es que el Barça ganara más de lo normal con esos árbitros, sino que el Madrid perdía más de lo normal con ellos al mismo tiempo.
Y esa doble coincidencia, repetida durante 17 años, es más difícil de atribuir al azar que una diferencia global de 10 puntos. El dato de la asignación añade una capa más. De los 52 árbitros que dirigieron al Barcelona durante el este periodo, el CTA designaba a cada colegiado para una media del 10-11% de los partidos del equipo catalán. Menos De Burgos, los cuatro árbitros del grupo anterior -Undiano, Mateu, Ayza y Sánchez Martínez- superaban ese umbral con creces: sus porcentajes de designación para los partidos del Barça se situaban entre el 13,7% y el 14,8%, que son de los siete más elevados de los 52 árbitros que dirigieron al equipo catalán durante este periodo.
Traducido a partidos: mientras un árbitro medio dirigía al Barcelona unas 13 veces en 17 temporadas, estos cuatro lo hacían entre 19 y 44 veces. El análisis estadístico no detecta una diferencia significativa entre la frecuencia de asignación de los árbitros favorables al Barça y la de los neutrales o desfavorables: los 'pro Barça' pitaban de media 19,4 partidos al equipo catalán, los 'pro Madrid 18,9'. La diferencia es mínima en el global. Pero cuando se acota al grupo de los cinco árbitros con el patrón más consistente -los que simultáneamente tienen al Barça arriba y al Madrid abajo en las tres métricas- la frecuencia de designación sube de forma notable.
Si el CTA controlaba quién pitaba a quién, y si ese control buscaba algún efecto, esos números sugieren dónde habría que mirar. De los 1.938 puntos en juego durante esta etapa, el Barcelona sumó 1.429. La mitad de los 40 árbitros que dirigieron al Barcelona al menos en seis ocasiones aparecen también en el listado de los árbitros con los que el Madrid ganó menos puntos: De Burgos, Ayza, Clos, Sánchez Martínez, Mateu, Turienzo, Fernández Borbalán, Puentes, Lizondo y Undiano. Algo similar sucede en el porcentaje de victorias del Barcelona y el de derrotas del Madrid.
En este caso hay ocho nombres comunes en ambos listados: De Burgos, Ayza, Clos, Sánchez Martínez, Mateu, Fernández Borbalán, Lizondo y Undiano. También hay hechos que casualmente contrastan: González Vázquez fue el árbitro con el que el Madrid sumó menos puntos (43,3%). En sus nueve temporadas en Primera, todas íntegras en este periodo, alcanzó la internacionalidad. Un árbitro que, por el contrario, descendió a Segunda en 2017 tras tres temporadas en Primera fue Vicandi Garrido, Premio Guruzeta 2013 al mejor colegiado de Segunda y que figura entre los colegiados con los que el Barcelona ganó menos partidos mientras que el Madrid ganó todos con él.
Con ocho árbitros, el Barcelona nunca perdió un solo partido. 111 encuentros sin derrota, casi tres ligas completas. Son Mateu (26 partidos), Clos (23), González González (15), Ayza (13), Sánchez Martínez (9), José Teixeira (9), De Burgos (8) y Latre (8). Hay un número que levanta la ceja de forma especial y que puede llevar a interpretaciones: los 26 partidos sin perder con Mateu.
Es un dato que podría hacer sospechar a cualquiera de que era un colegiado pro barcelonista. Pero también hay un contrapunto. Mateu cuenta con la mancha de haberse equivocado en un gol legal de Messi en el duelo con el Atleti que decidía la Liga 2013-14 que, de haber subido al marcador, habría dado el título a los azulgrana y no a los rojiblancos. Al mismo tiempo, fue el colegiado que acabó con la extraña racha de 78 partidos ligueros ( 2 años y 15 días) sin que los azulgrana recibieran un penalti en contra con una polémica pena máxima a favor de Las Palmas en un encuentro que acabó en empate.
Los datos no permiten elegir entre las dos lecturas. Sí permiten decir que el caso Mateu Lahoz es el más difícil de encajar en cualquiera de las dos narrativas. El más llamativo por volumen es Undiano Mallenco, que aunque no está en esa lista de ocho invictos -el Barça perdió cuatro de sus 44 partidos con él-, suma el mayor número de encuentros del período. El contrapunto existe y merece espacio.
Ese mismo Undiano Mallenco, en 48 partidos con el Real Madrid, le dio también resultados superiores a su media: 60,4% de victorias y solo 22,9% de derrotas. Lo que los datos muestran es que era un árbitro globalmente favorable a los grandes equipos. Lo que no explican del todo es por qué su efecto sobre el Barça fue consistentemente superior al que tuvo sobre el Madrid, partido tras partido, durante más de una década. Uno de los relatos más extendidos en el debate público sobre el caso Negreira es que el Barcelona se benefició de un número desproporcionado de penaltis.
Los datos del análisis van en dirección contraria. El Madrid recibió más penaltis a favor que el Barça: 143 frente a 135. Y menos en contra: 70 frente a 64. Por lo tanto, el balance neto a lo largo de todo el período -penaltis recibidos menos penaltis cometidos- es de +73 para el Madrid y +71 para el Barça.
El ratio entre penaltis a favor y en contra es prácticamente idéntico en los dos equipos: 2,04 el Madrid, 2,11 el Barça. Son diferencias pequeñas, pero su dirección es inequívoca: si alguien fue favorecido en el área durante el período Negreira, los números apuntan al Madrid, no al Barcelona. Si lo extrapolamos a los puntos que obtuvieron ambos por esos penaltis, los blancos también salen más beneficiados. El Barcelona sumó 88 puntos frente a los 125 del Real Madrid.
De los colegiados que dirigieron a ambos equipos durante ese periodo, 36 de ellos señalaron, al menos, un penalti a favor al Barcelona. Mientras que 36 árbitros penalizaron a los rivales del Real Madrid con penas máximas. El colegiado que más penaltis a favor le señaló al Barcelona en la época en la que el exvicepresidente de los árbitros elaboró informes para el conjunto catalán fue el Navarro Undiano Mallenco, con 13 sanciones. Le siguen en esta clasificación Clos Gómez e Iturralde González, con ocho faltas cada uno.
Por su parte, los árbitros que más penaltis a favor le han pitado al Real Madrid son Clos Gómez y Muñiz Fernández. Ambos colegiados le señalaron 13 penaltis. Iturralde González, con nueve, les secunda. Por contra, Mejuto González y Medina Cantalejo son los que más en contra le han pitado al Barcelona, seis cada uno.
Mientras, el árbitro que más penas máximas señaló a favor de los rivales del Real Madrid fue Undiano Mallenco, con siete penas máximas. Es la métrica que más se aleja del equilibrio. Y la que más difícil resulta explicar sólo con argumentos deportivos. Durante las 17 temporadas analizadas, los rivales del Barcelona fueron expulsados 122 veces.
En ratio por partido, los rivales del Barça acumularon 1,63 rojas por cada roja del propio equipo. Los rivales del Madrid, en cambio y sorprendentemente, recibieron menos rojas que el propio equipo blanco: ratio de 0,97. Una diferencia de 0,66 puntos entre dos ratios que, si no hubiera ningún patrón detrás, deberían ser similares. En términos absolutos: los rivales del Barça acumularon 30 expulsiones más que los rivales del Madrid a lo largo del período, un 32,6% más.
Las amarillas cuentan el mismo relato, aunque con menor intensidad: ratio de 1,44 para el Barça frente a 1,19 del Madrid. El Barça recibía de media 2,02 amarillas propias por partido frente a las 2,51 del Madrid, mientras sus rivales acumulaban 2,91, ligeramente menos que los rivales del Madrid (2,99). El diferencial entre equipos en rojas es, con diferencia, el más llamativo. Aquí es donde el análisis va más lejos de lo que nadie había publicado hasta ahora.
No solo se ha cruzado el número total de expulsiones, sino el contexto en que se produjeron: en qué momento del partido, con qué marcador, y si acabaron cambiando el resultado. El Barcelona disputó 110 partidos con al menos una roja al rival y el Madrid 82. En 32 de los del Barça (29,1%) el resultado cambió tras la expulsión. En los del Madrid, en 19 (23,2%).
Casi seis puntos de diferencia en la tasa de aprovechamiento. Pero el dato más relevante no es cuántas rojas hubo. El 46,4% de los partidos con expulsión al rival del Barça se produjeron cuando el equipo iba empatando o perdiendo. Es decir, casi la mitad de las rojas favorables al Barça llegaron en momentos comprometidos del partido, cuando más las necesitaba.
En el Madrid, ese porcentaje baja al 37,8%. Y cuando el Barcelona iba perdiendo al llegar la expulsión, remontó o igualó en el 58,8% de esos partidos. El Madrid, en situación idéntica, lo consiguió el 37,5% de las veces. Una diferencia de 21 puntos porcentuales que las muestras pequeñas (17 y 8 casos, respectivamente) impiden elevar a certeza estadística, pero que la consistencia con el resto del análisis hace difícil ignorar.
Como en el caso de los penaltis, también se puede cuantificar en puntos obtenidos tras las rojas. El Barcelona sacó 61 puntos y el Real Madrid 36. Es una diferencia significativa que se acerca al doble. Dicho de otra manera: a lo largo de 17 temporadas, las expulsiones a rivales generaron para el Barça casi el doble de puntos que para el Madrid.
Las expulsiones son las decisiones arbitrales con mayor margen discrecional. Dependen de la interpretación del árbitro sobre la intención, la violencia o el peligro de una acción. Y son las que más directamente pueden alterar el resultado de un partido. Jugar con un hombre más durante 20 o 30 minutos genera una ventaja clara.
Aprovecharla o no ya depende del equipo, pero en plantillas de tanto potencial es un desequilibrio claro. Hay un contraargumento legítimo: un equipo que domina puede generar más faltas desesperadas de sus rivales. El Barcelona siempre ha sido un equipo que domina la posesión y, en ese periodo, más. Eso puede explicar parte del diferencial, aunque no cierra la pregunta, solo la matiza.
Para sistematizar todo lo anterior en un único indicador, construimos el Índice Compuesto de Favoritismo (ICF), que combina victorias, derrotas y puntos de cada árbitro con ambos equipos, ponderados por el volumen de partidos. Un ICF positivo indica un patrón más favorable al Barça; negativo, hacia el Madrid. El resultado, a primera vista, vuelve a apuntar al equilibrio: exactamente 16 árbitros tienen ICF positivo y 16 negativo. Empate perfecto en número.
Pero hay un matiz que el empate numérico oculta. Los árbitros que favorecen al Madrid lo hacen con mayor intensidad. El ICF más extremo del lado 'madridista' es de -48,6 (Pérez Burrul). El más extremo del lado 'barcelonista' es de +28,6 (Clos Gómez).
Los tres primeros árbitros del lado blanco superan con claridad a todos los del azulgrana. Si hubiera una manipulación sistemática a favor del equipo catalán, esperaríamos la asimetría inversa. La correlación entre el porcentaje de victorias del Barça y el del Madrid con el mismo árbitro añade otro argumento incómodo para la tesis del favoritismo selectivo. Los árbitros con los que el Barça gana más tienden también a ser árbitros con los que el Madrid gana más.
No hay transferencia de resultados de un equipo al otro. Hay árbitros que, en general, favorecen a los equipos grandes, o que simplemente generan más victorias locales, o que tienen un estilo que beneficia al equipo dominador del partido. La correlación no describe favoritismo selectivo. Describe algo más difuso y más difícil de atribuir a una causa concreta.
Sin embargo, la correlación tiene excepciones. Y esas excepciones son los cinco árbitros que ya aparecieron en el bloque de resultados: los que simultáneamente tienen al Barça arriba y al Madrid abajo en las tres métricas. La correlación explica la mayoría, pero no explica esos cinco casos. Hay una pregunta que el análisis puede responder con precisión: si asumimos que los árbitros más favorables al Barça fueron manipulados, ¿cuánto habría cambiado el resultado deportivo?
Para responderla se identificaron los cuatro árbitros que cumplen simultáneamente todas las condiciones de favoritismo: Ayza Gámez, Sánchez Martínez, Mateu Lahoz y Undiano Mallenco. Entre los cuatro cubrieron 92 de los 646 partidos del Barcelona en el período, el 14,2% del total. La simulación contrafactual calcula qué habría pasado si esos cuatro árbitros hubieran dado al Barça resultados exactamente medios, sin ningún tipo de favoritismo. El resultado es que el Barcelona habría perdido unos 21 puntos en 17 temporadas.
Es decir, 1,2 puntos por temporada. Y el Barça seguiría por encima del Madrid en porcentaje de puntos incluso con ese ajuste: 72,55% frente al 72,08% real del Madrid. Ese es el techo máximo del impacto, el peor escenario posible, asumiendo manipulación total de los cuatro árbitros más favorables. Lo que ese número no puede medir es el impacto de las decisiones que no aparecen en las estadísticas: las faltas no señaladas, las tarjetas amarillas que no se mostraron, el tiempo añadido que se alargó o se acortó.
Los datos capturan resultados y sanciones, pero no pueden capturar todo lo que ocurre en 90 minutos. Como España es diferente (a Italia, por ejemplo), aquí no pasa nada cuando un juez acusa a un club de "corrupción sistémica" a cuenta de pagos al vicepresidente del CTA (8,4 millones entre 2001 y 2018). Como España es diferente, al club pagador no se le desposeerá de los títulos ganados durante ese periodo, ni mucho menos se le descenderá de categoría. Esas cosas pasan en Italia, pero no en España.
Como España es diferente, las puertas giratorias que conectan las tripas del sistema permiten que se cambien los plazos de prescripción de un delito según convenga a su presunto autor, una jugada maestra facilitada por una estructura perfectamente putrefacta. Como España en diferente, una generación legendaria de jugadores ha salido de cierto club con más Champions que Ligas, mientras que otro club, que no huele la Copa de Europa ni de lejos (como le pasa al club que sí fue castigado en Italia), colecciona Ligas como si fueran imanes de nevera. Como España en diferente, sólo cierto club se rebela ante una situación que no sólo le perjudica a él. Hay otros muchos (en realidad todos, cada uno a su nivel) que han sido perjudicados, pero nadie alza la voz, no sea que papá les castigue.
Si acaso algún tuit, pero sólo contra el que se queja, para parecer 'combativos' y 'antisistema'. Como España en diferente, un árbitro se permite amenazar a uno de los dos finalistas de Copa en rueda de prensa. En el mejor de los casos, los herederos del sistema abogan por un benévolo "hay que pasar página". Como España es diferente, se puede fichar jugadores en base a operaciones contables diseñadas con billetes de Monopoly, y si hay problemas para inscribir a esos jugadores, papá Estado acude al rescate, no vaya a ser que se enfade alguien en Waterloo.
En fin, España es diferente. Se puede incluso renegar de su bandera y pitar su himno para mantener un falso discurso de victimismo mientras el sistema, con todos sus tentáculos, te protege y ampara. Esas cosas sólo pasan aquí, el país en el que nunca pasa nada. Los datos permiten dos interpretaciones que no son incompatibles.
La primera dice que no hubo favoritismo sistemático demostrable en resultados. Los números globales son casi idénticos para los dos equipos. El test estadístico con 10.000 simulaciones no detecta una diferencia significativa. Los penaltis favorecen al Madrid.
El impacto máximo posible del favoritismo equivale a 1,2 puntos por temporada. Si hubo manipulación, los resultados finales de LaLiga no la registran con claridad suficiente para distinguirla del ruido estadístico. La segunda dice que hay demasiadas coincidencias acumuladas en 17 años para atribuirlas todas al azar. Ocho árbitros con los que el Barça nunca perdió en 111 partidos.
Cinco árbitros que simultáneamente tienen al Barça arriba y al Madrid abajo en todas las métricas, cuatro de ellos entre los más designados para dirigir al equipo catalán. La mitad de los árbitros habituales del Barça, entre los que peores resultados dan al Madrid. Las expulsiones de rivales del Barcelona, mayores en número y que llegan cuando más se necesitan y que se aprovechan con mayor efectividad cuando se va perdiendo. El Barcelona pagó 8,4 millones de euros al vicepresidente del organismo que decidía qué árbitro pitaba a qué equipo.
Lo que hizo ese dinero dentro de los partidos de fútbol es lo que los tribunales están intentando determinar. Lo que hicieron los números dentro de esos mismos partidos es lo que este análisis ha pretendido medir. La interpretación final está en la mano de cada uno. Los datos de todos los árbitros con el Barcelona y el Real Madrid durante la época en la que Enríquez Negreira, vicepresidente del CTA, recibió pagos del FC Barcelona (entre las temporadas 2001-02 y 2017-18).