Formador de jugadores, técnico asistente y primer entrenador, Aitor Karanka (Vitoria, 52 años) regresó a la Ciudad de Fútbol de Las Rozas para simplificarle la vida a Luis de la Fuente. En el camino, fiel a su estilo, es un escudo ante los problemas, como lo fue en el rifirrafe entre el Barcelona y la Federación por las lesiones de Lamine Yamal. Antes de viajar a Estados Unidos, el director de fútbol de la Roja recibió a EL PAÍS en Las Rozas para analizar el momento del fútbol, pero también de España, candidata al título en el Mundial. ¿Es un director más técnico que deportivo?
Empecé como entrenador sub-16 hace 18 años. He sido asistente, entrenador… sé lo que necesita un técnico. Ahora estoy un paso más atrás, pero ayudando a todos. Aquí no hay que fichar ni vender.
Yo se lo dije a Luis: ‘Mi función es sacarte todo lo extra para que te puedas dedicar a seleccionar y preparar partidos’. R. Antes Luis estaba pendiente de comunicación, marketing, relaciones con jugadores, temas comerciales, viajes… Yo me encargo de eso. Las instalaciones del Mundial, por ejemplo, las visité con su preparador físico y su analista. Un poco de todo, junto a su cuerpo técnico.
Ahora Luis y yo hablamos mucho. Nos conocemos desde hace más de 30 años. R. Cada una tiene lo suyo. En la sub-16 disfrutaba el día a día.
Entrené a Jesé, Deulofeu, Raphinha… En la sub-17 estaban Isco, Morata, Koke, Sergi Roberto. Aquellas generaciones fueron espectaculares. Después estuve tres años con José [Mourinho] en el Madrid: aprendizaje diario. Y como entrenador también.
Y luego la época de entrenador, también. R. José intenta sacar el mayor rendimiento de los jugadores. Cuando se habla de que Mourinho va a controlar, los entrenadores lo que queremos controlar es lo que es nuestro: el fútbol. Los años que yo viví con él, lo que quería controlar era eso: que los jugadores entrenasen al máximo nivel, que tuviesen lo máximo de ayuda, protegerlos de lo que les pueda perjudicar.
Un entrenador de élite no solo se actualiza en táctica o análisis, también en cómo son los jugadores de hoy. P. ¿Se tuvo que actualizar usted en cómo gestionar dificultades, por ejemplo, como las diferentes lesiones de Lamine Yamal durante la temporada y la relación de la Federación con el Barça? R. Desde fuera parecen problemas; yo lo asumo con naturalidad. La comunicación con los clubes es muy buena.
De hecho, agradecen tener un enlace. Con el Barça hablamos en todo momento: con Deco y también con Bojan. Al final, todos queremos lo mismo: que el jugador rinda al máximo. A más comunicación, mejor.
Los entrenadores están mejor preparados, con lo que ya desde muy pequeños hacen ejercicios de posesión y se entrenan las condiciones para jugar. Hace 40 años, el entrenamiento era más libre, jugabas en la calle o en el colegio. En un patio de colegio había dos equipos de cada lado, pero también había otros dos. Había que buscarse la vida para dársela al de tu equipo y quitársela al contrario y no al de la clase contraria.
Los entrenadores les piden otras cosas y se les controla más y se les exige más. P. ¿El exceso de la academia pierde la esencia del juego? R. Quizás antes salían más jugadores con talento. O aparecía un jugador con sobrepeso, pero con ese talento le daba para llegar a cierto nivel.
Ves un partido de hace unos años y parece lento. Quizás no hay tanto talento, que sigue habiendo, pero la intensidad y el ritmo es un gusto también. Las comidas de ahora no tienen nada que ver con las de antes. Los niños a cierta edad ya tienen preparadores físicos.
Se analizan cada vez más imágenes y vídeos. Desde pequeños se les va preparando la nutrición, preparación física, conocimiento del fútbol, análisis del equipo contrario. El fútbol es mucho más rápido. El fútbol va a decidir antes, a tener más velocidad de ejecución.
Antes se la dabas a uno y a veces decidía por sí solo. Hoy todos los equipos son trabajados. P. España no tiene una escuela de fútbol unificada, no es lo mismo Lezama que la Masia o que La Fábrica. Es una escuela de escuelas.
R. La formación del entrenador es la misma en todos los sitios. Y luego cada lugar adopta su estilo. Pero pasa con las distintas disciplinas, dentro y fuera del fútbol. Cada comunidad tiene su arquitectura, su gastronomía, su cultura, una forma de ser.
Es verdad que con la formación de los jugadores y cuando vienen a la selección hay un sentimiento de equipo, están en contacto entre ellos, se construye esta relación, que cada uno es de su cultura y de su club y es lo que se trata de trabajar. P. ¿Por qué esta selección tiene tantos jugadores del Barça y ninguno del Madrid? Ha habido épocas con más del Madrid, del Athletic… Todos trabajan bien: Sevilla, Espanyol, Betis. R. La parte deportiva es de Luis y su staff.
Juegan un partido al mes, pero su trabajo es diario: viajes, seguimiento, vídeos, contacto con jugadores. Mi labor es quitarle carga: instalaciones, logística… En Alemania todo fue en un sitio. Estaremos en Chattanooga lo máximo posible y luego dependerá de resultados.
Habrá viajes largos, cambios de horario, climas distintos. P. Uruguay se concentra en la altura de México. ¿Será una ventaja para ellos en el tercer partido del grupo en Guadalajara? R. Por eso jugamos en Puebla.
Para probar lo que viene. No es lo mismo Guadalajara que Puebla, ni Uruguay que Perú. Un amistoso y un partido oficial tampoco. P. ¿Qué opina de que De la Fuente abrace el cartel de favorito?
R. Es una de las cosas que más me ha sorprendido, que más me ha gustado. La naturalidad con la que se ven las victorias y que se ven favoritos. Pongo el ejemplo de cuando se empató contra Turquía. Si el equipo tuviese arrogancia, hubiesen pensado que se empató pero que ya estaban clasificados.
Pero cuando bajé al campo, me di cuenta de que estaban frustrados. Somos favoritos, pero queremos seguir ganando. R. Siempre a través de Luis. No contacto con uno sin hablarlo antes con él, salvo temas muy concretos.