Leo Messi debutó con la selección ante el mismo rival que Diego Armando Maradona: Hungría. Los asuntos del destino, quizá. O de las famosas cábalas argentinas. En la jornada inaugural de La Pulga en 2005, sus compañeros en defensa eran Lionel Scaloni y Roberto Ayala, hoy sus entrenadores.
Este martes, casi en la medianoche estadounidense, al técnico de la Albiceleste le preguntaron qué podía decir a estas alturas de la vida y después de todo lo visto de la nueva exhibición del genio contra Argelia (3-0), y el de Pujato apretó fuerte los labios, casi de forma cómica. Unos aprietan el entrecejo y él, los labios. “Podría estar una hora acá hablando de él, pero hay que estar ahí para ver el aura que contagia. Será el mejor hasta que él quiera.
Hace 20 años que lo hace todos los santos partidos, es emocionante verlo”, respondió el preparador después del triplete del astro. En un momento en que la pelota estaba a rebufo de otras cuestiones paralelas, la actuación absoluta e implacable de Messi en su estreno en Estados Unidos concentró todo el simbolismo posible. Primero, porque, hasta que alguien diga lo contrario, él sigue siendo el rey y vigente campeón; y segundo, porque su exhibición marcó el encendido definitivo del Mundial. Después de días de polémicas políticas, diplomáticas y aduaneras, de un árbitro al que no le dejan cruzar la frontera, de líos con los visados, de quejas y lamentos por el precio abusivo de las entradas, de la nueva norma de los tiempos muertos extrafutbolísticos en cada mitad para que las cadenas televisivas puedan engordar el negocio, de las traducciones en las salas de prensa, y del pánico en algunos estadios a las posibles redadas de la policía migratoria de Donald Trump, los jugadores abrieron de verdad la Copa del Mundo.
Tras tanto politiqueo y manoseo desde las oficinas y los palcos, la jornada del martes volvió a situar de lleno a los futbolistas y sus estrellas en el centro de la escena. Y la secuencia de los hechos no pudo ser más fascinante. Kylian Mbappé, asistido por el talento de Michael Olise, volvió a levantar la mano después de la final perdida de 2022 y se presentó afilado frente a Senegal; Erling Haaland se estrenó a continuación en un Mundial frente a Irak, demostrando que él factura igual en todos los escaparates; y a ambos les replicó Messi con un triplete al final de la noche. Fue el partido número 61 de su carrera en el que anota tres o más tantos.
El francés y el noruego, señalados hace unos años como los sucesores naturales del desafío infinito entre Cristiano Ronaldo y Leo, envidaron con dos dianas cada uno y el viejo genio les contestó con tres. Un golpe de pecho planetario. Obligado a pasar por la zona mixta en calidad de hombre del partido, el argentino trató de explicarse a partir del ejemplo de Rafa Nadal. “Estamos viendo la serie [RAFA] y me identifico mucho.
Creo que somos muy parecidos en ese sentido. Siempre quiero dar el máximo y disfruto de esa manera. Mientras pueda, ahí estaremos”, anunció. Messi abrió una nueva fase en el torneo y, como hace 15 años, retó a Cristiano Ronaldo.
El portugués (41 años) igualó sus seis Mundiales, pero se quedó seco contra la República Democrática del Congo. No así Harry Kane, que sumó un doblete ante Croacia, aunque uno de penalti tras una rigurosa repetición. La actuación deslumbrante de Leo, más los buenos arranques de Mbappé y Haaland, significaron un reto para el resto de los nombres y aspirantes más distinguidos de la cita. Empezando por Portugal, que flojeó en la primera estación, y siguiendo por la España de un Lamine Yamal que todavía se encuentra saliendo de la enfermería y buscando respuestas al cantazo de Cabo Verde.
De Brasil también se esperan más luces en su segundo encuentro más allá de la clásica insistencia machacona que enseñó Vinicius en el estreno ante la Marruecos del fantástico Ayyoub Bouaddi. Nadie sabía qué Messi se presentaría en el Mundial después de tres temporadas bajo el sol de Miami, a una semana de cumplir los 39 años y ya coronado en Qatar. La conclusión de la velada en Kansas City es que su motor físico no será el mismo por los efectos de la naturaleza (Scaloni le ahorró los 10 minutos finales), pero su inteligencia para saber cuándo y dónde intervenir en el campo siguen resultando asombrosas. Y, como advirtió el entrenador de Argelia, Vladimir Petkovic, juega bajo palio.
“Tiene el privilegio de que todos trabajan para él”, afirmó. Una comunión que, pese a haber tocado ya cumbre en el golfo Pérsico, no emite señales de relajación. ¿Qué encontró él con ustedes?, le preguntaron al seleccionador albiceleste. “A lo mejor, naturalidad, saber que tiene al lado un grupo de amigos, gente que se va a brindar al máximo por él, que lo ven como si fuera un Dios y también un pibe de barrio. Que cuando tienen que hablar algo con él, lo hacen. Lo que transmite es imposible de explicar”, desarrolló al cabo de una noche en la que Messi igualó el récord de los 16 tantos mundialistas del alemán Miroslav Klose.
Por la tarde, Mbappé le había superado (14) y su respuesta fue atómica. Argentina tiró seis veces a portería, cuatro correspondieron a Leo y tres acabaron dentro. Con la amabilidad, eso sí, de Luca Zidane. “La cabra está encendida”, reaccionó Enzo Fernández.
¿Cuántas veces ha metido Messi en su carrera el primero y el tercero gol que le clavó a Argelia desde la frontal del área? De las 914 dianas que tiene registradas entre clubes y selección, 179 (casi un 20%) han sido desde fuera del área (71 de falta directa). En la celebración de la primera, no resistió el llanto. “Fue una cuestión ajena a lo deportivo, pasé unos días complicados”, comentó de forma vaga, sin dar más explicaciones.
Su velada abrió el Mundial de las estrellas. Unas horas antes, había empezado Mbappé, le siguió Haaland y a los dos les superó el argentino. Fue el jugador más longevo en anotar un doblete en un Mundial (38 años y 357 días), por delante del camerunés Roger Milla (38 años y 34 días) ante Colombia en Italia 90. La actuación del argentino desafió al resto de nombres de la cita y aparcó las cuestiones más farragosas de un Mundial con demasiadas aristas políticas.
El siguiente que apareció en el escenario fue Cristiano Ronaldo, y terminó frustrado.