En el primer día de Cannes, en su primera rueda de prensa, la inteligencia artificial ya provocó el debate entre dos miembros del jurado, Demi Moore y Paul Laverty. Desde ese mismo momento, el certamen y el mercado que se celebra en paralelo se separaron en su reacción ante la herramienta digital: si el festival pone límites a su uso (aunque uno de sus patrocinadores, que se ha sumado en este 2026, es Meta, propietaria de Meta AI) y los artistas advierten de sus peligros, en el mercado hubo una descarga de películas chinas realizadas con inteligencia artificial y un puñado de proyectos occidentales que abrazan su uso. Los cineastas estarán recelosos, pero la industria se ha lanzado a exprimir la IA. En Variety, a mitad del certamen, un veterano agente de ventas contaba: “Hace un año, algunas personas usaban IA, pero les daba vergüenza admitirlo. Hoy, ni siquiera lo ocultan”.

Y algunos países, como China, la están empleando como reclamo de ventas. El 14 de mayo, por la noche, se celebró el evento La Noche de China, la única velada de gala en el Mercado de Cannes. Los asistentes disfrutaron de un recorrido por los mundos de la inteligencia artificial y la realidad extendida, y uno de los robots de la empresa Magic Lab salió a pasear por La Croisette. El encuentro no lo organizaban unos cualquiera, sino la Administración de Cine de China, el China Film Group Corporation, la Asociación de Productores de Cine de China y la empresa china de adquisición, inversión y producción Wing Sight.

Un día antes se proyectaron imágenes de esos filmes creados con IA: The Reunion Journey, promocionada como la primera película china de animación de contenido generado por inteligencia artificial, y Leyendas del sur, presentada como el primer documental con contenido nacido de la IA del país. Y, de acompañamiento, diversos coloquios, como uno titulado Cuando la IA interviene, ¿quién es el autor? con la cineasta Li Shaohong —taquillera en su país y presencia habitual en los festivales occidentales— y Sébastien Raybaud, el productor de Greenland y su continuación. Y, en el Pabellón de Cine de China, se podía leer en una pantalla: “En los próximos cinco años, el sector cinematográfico chino basado en la IA se convertirá en un mercado de 100.000 millones de yuanes [unos 12.640 millones de euros]”. Un portavoz declaró a EL PAÍS: “Estamos mostrando 180 películas, y muchas [no se concretaba] tienen elementos generados por IA”.

Demi Moore, en el primer día de comparecencia del jurado, apuntó: “La oposición engendra oposición. Combatirla es librar una batalla que perderemos. Por lo tanto, encontrar maneras de trabajar con ella es un camino valioso que podemos seguir”. Pero en los debates creativos, por cada Demi Moore había un Paul Laverty, su compañero en las deliberaciones, que respondía: “La industria cinematográfica y la sociedad en general deberían ser profundamente escépticas ante las empresas y los multimillonarios tecnológicos que controlan los servicios de IA más populares, porque ellos deciden los algoritmos que afectan nuestras vidas”.

La española Carla Simón se situó cercana a ambas visiones en la presentación de su corto Flamenco, en una iniciativa de promoción del cine español en el exterior bajo el paraguas del ICEX del Ministerio de Economía: en su pieza aparecía un Carlos Saura generado por IA. “Tenemos que saber usarla en nuestro beneficio, aprovechando sus ventajas y limitando su influencia”, apuntaba Simón. Thierry Frémaux, el delegado general de Cannes, en su comparecencia ante la prensa el día antes de la inauguración, explicó sobre la IA: “Debemos estar alerta, pero al mismo tiempo comprenderla un poco. Lo que puedo afirmar con certeza en relación con la inteligencia artificial es que estamos del lado de los artistas, los guionistas, los actores y los actores de doblaje. Apoyamos a todos aquellos cuyo trabajo podría verse afectado negativamente.

Se requiere legislación”. El festival ha prohibido en la Competición la presencia de películas que utilicen IA en procesos creativos. De vuelta al mercado, allí no se vivían esos límites. La productora Acme AI & FX presentaba Bitcoin: Killing Satoshi, de Doug Liman (El caso Bourne, Al filo del mañana), un thriller conspiranoico sobre el misterioso fundador de la criptomoneda, y en cuyo reparto están Casey Affleck, Gal Gadot, Pete Davidson e Isla Fisher.

La película se rodó en marzo en un almacén londinense de fondos grises en 20 días y por casi 70 millones de euros. ¿Por qué los fondos grises? Porque todos los escenarios se han generado con IA. Y se han eliminado departamentos enteros, como iluminación; sus productores aseguran que se han ahorrado más de 200 millones de euros. Entre otras razones, porque hay 200 localizaciones distintas recreadas por IA. Acme AI & FX tiene otra decena de proyectos en desarrollo.

Crittzer, producido por OpenAI— y en películas de acción, como Hell Grind, creada por la startup Higgsfield AI en tan solo dos semanas y por menos de 500.000 euros, de los cuales el 80% se destinó a costes informáticos. Higgsfield ha firmado además un acuerdo con Chuck Russell, el director de La máscara y Eraser (Eliminador), y su empresa Neumorphic AI para rodar dos largos, Hyperia y b. Emplearán herramientas de IA, desde la creación de mundos y el diseño de criaturas hasta la edición y la posproducción, mientras que actores reales filmarán en estudios LED —algo muy habitual desde Gravity y The Batman— con entornos generados por IA a su alrededor.producido por OpenAI— y en películas de acción, como Hell Grind, creada por la startup Higgsfield AI en tan solo dos semanas y por menos de 500.000 euros, de los cuales el 80% se destinó a costes informáticos. Higgsfield ha firmado además un acuerdo con Chuck Russell, el director de La máscara y Eraser (Eliminador), y su empresa Neumorphic AI para rodar dos largos, Hyperia y b. Emplearán herramientas de IA, desde la creación de mundos y el diseño de criaturas hasta la edición y la posproducción, mientras que actores reales filmarán en estudios LED —algo muy habitual desde Gravity y The Batman— con entornos generados por IA a su alrededor.En ese gran bazar del cine que se celebra en los sótanos del Palacio de festivales, había proyecciones mostrando los avances de la IA en la animación —como el filme Otro ejemplo más osado: en el mercado se presentó el primer volumen de Sh(AI)ved, una colección de cortometrajes generados por IA a partir de reportajes fotográficos de revistas eróticas publicados hace medio siglo.

Junto a demostraciones de gafas con IA y de traductores con IA, se celebraron unas jornadas tituladas Cumbre de IA para el Talento, que partían de la premisa de que la revolución de la IA era un hecho, centrándose en el uso ético de esa herramienta. En la Competición no caben películas hechas con IA, aunque sí sobre la IA, como Sheep In The Box, de Hirokazu Kore-eda, en la que un matrimonio que ha perdido a su hijo contacta con una empresa que genera por IA clones de fallecidos. En la rueda de prensa de su filme, el japonés apuntó: “Pensar en la IA es pensar en la humanidad. Ya me interesaba la IA antes de empezar, aunque me sentí atraído por ella a medida que desarrollaba el proyecto”. Y explicó: “La percepción de la IA difiere entre Oriente y Occidente. En Occidente, se asocia negativamente con la distopía, mientras que en Oriente se trata de la coexistencia entre humanos y no humanos. La IA trascenderá a la humanidad y formará su propia comunidad, momento en el que dejará de preocuparse por los humanos”.

Y contó que él nunca usa IA, pero... “Le pedí a un miembro de mi equipo que le pidiera a ChatGPT que leyera mi guion y lo evaluara. Esperaba tener un intercambio productivo. Fue interesante, pero no me dio ninguna respuesta inesperada”. Entre otras películas con la IA de telón de fondo, también estaba en la sección Cannes Premiere The End Of It, de Maria Martínez Bayona, una distopía sobre la inmortalidad en la que la actriz Beanie Feldstein da vida a la asistente generada por IA de la protagonista.

En su charla con EL PAÍS, la debutante Martínez Bayona comentó: “La IA no me preocupa demasiado. A la vez, pienso que estamos en un momento embrionario. Todo el mundo ataca a la IA en un estado de confusión. Entiendo que tiene que haber una protección y que hay que esperar a que se asienten los avances, pero, insisto, hay cosas que es imposible que se puedan replicar.

Y en ese arte ha trastabillado Steven Soderbergh. En una sesión especial estrenó el documental John Lennon: The Last Interview, que recupera la entrevista radiofónica del exbeatle y Yoko Ono concedida horas antes de que Lennon fuera asesinado. En la charla, Lennon y Ono a veces reflexionan en términos abstractos. Y para ilustrar esos momentos, el 10% de la película, Soderbergh ha buscado el apoyo de su socio financiero Meta —el gigante de la tecnología copatrocinador del festival— para usar su Meta AI y experimentar lo que, en una entrevista en Deadline, denomina “surrealismo temático”.

Para el resto del público, en cambio, fue el recordatorio de que, por ahora, el arte no está entre las virtudes de la inteligencia artificial.