Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación –íntima y pública al mismo tiempo– con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Ahora, cuatro años más tarde, retoman esa misma serie, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá. Después de una “pausa de hidratación”, retomamos la correspondencia.
Creo que exageras en tu crítica a Luca Zidane. El pobre está obligado a jugar con máscara, incomodidad que lo perjudica por partida doble porque es el portero más apuesto del Mundial y no puede mostrar su divino rostro. Es cierto que fue endeble en algunas jugadas, pero despejó en forma espectacular el mejor tiro de Messi. También a mí me impresionó la imagen del genio en los minutos finales, cuando ya no jugaba; sentado en el césped, tenía la mirada del niño que avista por primera vez el río Paraná.
No parecía afectado por su hazaña (los tres goles con los que empató el récord de Klose); tampoco parecía repasar sus malas decisiones (la evasión de impuestos en España, el saludo a Trump, la promoción del Mundial en Arabia Saudí). El mejor futbolista del mundo estaba al margen de sí mismo. Era, de nuevo, el chico que mira el río Paraná. Es posible que su secreto radique en la capacidad de abstraerse.
En su último cuento, Borges narra la historia de un erudito que hereda la memoria de Shakespeare; tiene en su mente los recuerdos del maestro, pero son tan simples como los de cualquier persona; lo sorprendente es lo que el bardo “ejecutó con ese material deleznable”. Ser Shakespeare (o ser Messi) es banal. Lo milagroso es que la genialidad se sustente en alguien común. Los enemigos de la épica aseguran que Messi debió recibir roja directa por la plancha que cometió en el minuto 31.
Fue un gesto accidental pero rudo: merecía amarilla, pero el árbitro polaco, que no ha leído “La memoria de Shakespeare”, ignoraba que el fenómeno merece un trato normal. El VAR invalidó dos goles que en otros tiempos habrían sido legítimos y estupendos. Tengo una tesis detectivesca, o tal vez sólo paranoica, sobre el uso de las máquinas. Después de la investigación del FBI que reveló la corrupción en la FIFA, los nuevos jerarcas prometieron una gestión más honesta; sin embargo, en vez de someterse a mejores auditorías, endurecieron la inspección de la cancha.
El VAR dio estatus jurídico a la pantalla, lo cual hizo feliz a las televisoras, y promovió la ilusión de un arbitraje “científico”. Ahora el fuera de juego depende de medir centímetros. En la Eurocopa 2024, un gol del belga Lukaku no subió al marcador porque su pene estaba un milímetro por delante del defensa. Todo el mundo sabe que eso no da ventaja, al menos no para anotar.
Tienes razón: se debería juzgar a golpe de vista si el delantero está o no adelantado. Alguna vez propuse que al menos se estableciera un criterio de pollos rostizados: pata o pechuga de ventaja. El hombre más odiado por la afición, Gianni Infantino, utiliza su jet sin reparar en la huella de carbono. Las cámaras registran su incesante comparecencia en los estadios.
En cada partido luce más viejo. Espero que las arrugas y el descolgamiento facial se intensifiquen hasta que se disuelva en un palco. Su obituario podría titularse: “La desaparición de un hombre demasiado visible”. Argentina y Francia cumplieron con su condición de favoritos.
El tercero en discordia, España, pasó por un trago amargo. La defensa de Cabo Verde ejerció el virtuosismo de endurecer la pierna sin cometer faltas, evitando los tiros libres. El mejor jugador del partido —cosa rara en un deporte enajenado por los goles— fue el portero Vozinha, de cuarenta años, formado como electricista. La aldea global le rindió su mayor tributo: en 90 minutos de partido pasó de 56 mil a cuatro millones de seguidores en Instagram.
El trato que España dio a la pelota me recordó una historia que el colombiano Álvaro Cepeda Zamudio se proponía filmar y que acabó en el cementerio de los guiones. Unos pescadores encuentran a un ahogado en el mar y llevan el cuerpo de casa en casa, esperando que alguien lo reconozca para darle sepultura. Cansados de buscar un destino para el cadáver, lo devuelven al mar. Algo parecido sucedió con España, que no encontró rumbo para el balón que tanto retuvo. Portugal fracasó de otro modo ante el Congo, que le jugó al tú por tú.
Llama la atención que el melancólico país del fado pierda los papeles al pisar el césped. En la tribuna, Pepe miraba cómo Conceiçao y Semedo mantenían la tradición gamberra que hace feliz a Mourinho. El mejor partido hasta ahora ha sido el Inglaterra 4-Croacia 2, con un inmenso Harry Kane. El Equipo de los Tres Leones necesitaba sufrir.
Se animó con el robo de sus uniformes y una noche junto a un tornado. Su lema podría ser el de los viejos medicamentos: “Agítese antes de usarse”. Te cuento que los gringos están tan orgullosos como tú de tener a Messi. Son tan ignorantes en materia futbolística que la cadena Fox tuvo que poner un anuncio advirtiendo que el 10 no juega para Estados Unidos.
El dato sorprende poco, viniendo de un país donde, según el sondeo del Innovation Center for US Dairy, 17.3 millones de personas creen que la leche con chocolate viene de vacas marrones. Pero lo que fracasa en la realidad puede tener sentido en la cancha. Un crack no es una vaca cualquiera: da leche con chocolate.