Michel Franco se al�a con Jessica Chastain para insistir en su cine descarnado entre la denuncia, la exhibici�n y la simple asfixia El cine de Michel Franco tiene algo de buceo en apnea. La idea es contener la respiraci�n, provocar con ello que las pulsaciones desciendan y desde ah�, desde la contemplaci�n casi ag�nica y exageradamente pausada de lo profundo, intentar ver claro. Duele, pero se gana en nitidez.

Hay riesgos, los expertos hablan de que el intercambio de gases presentes en la sangre y los tejidos pueden provocar d�ficit de ox�geno en el cerebro. Y de paso el ahogamiento. Dreams, la �ltima pel�cula del director y la segunda protagonizada por Jessica Chastain tras Memory, es b�sicamente eso: un descenso en pulm�n libre a lo hondo, a lo turbio, hasta el l�mite mismo de la asfixia. Dura, inquietante, inc�moda y provocadoramente cruel.

Quiz� en exceso consciente de s� misma. Tal vez de manera algo exhibicionista, pero, sea como sea, irrespirable. Que es de lo que se trata. Se cuenta la historia de una estadounidense (Chastain) que se enamora (o algo parecido) de un joven emigrante (Isaac Hern�ndez).

Ella es fil�ntropa, adem�s de imp�dicamente rica, y �l es un talentoso bailar�n, adem�s de descaradamente pobre. Y as� hasta que un buen d�a, �l huye desde su M�xico natal al pa�s de, en efecto, los fil�ntropos. La idea de la cinta es investigar, se dir�a que de nuevo, hasta qu� punto las relaciones desiguales pueden ser algo m�s que relaciones de dominio. Dreams, claro est�, habla de inmigraci�n, de colonialismo, de hipocres�a y, ya puestos, hasta de capitalismo.

Dreams habla de todo ello desde su condici�n de rito humillante para los que lo sufren y de liturgia culpable para los polic�as del privilegio. Se trata, en definitiva, como ya ensay� el director en pel�culas anteriores como Sundown, Nuevo orden o Chronic, de forzar el l�mite mismo de lo respirable hasta el desmayo si es posible. Ver profundo para ver m�s n�tido. Franco compone su pel�cula desde la parte de atr�s de la pantalla.

Todo lo que sucede ante la vista del espectador apenas son se�ales por descifrar de un enigma extra�o que todo lo determina, todo lo infecta, todo lo puede. No se trata tanto de recomponer las piezas de un puzle como de dejarse arrastrar por una premonici�n por fuerza fatal. El ambiente enrarecido, el ligero olor a podrido y la atm�sfera que escuece los ojos acaban por dibujar un escenario inquietante. La c�mara no oculta nada, todo lo muestra de manera frontal, siempre pendiente del movimiento casi ritual de unos cuerpos que se dir�a cumplen un designio ancestral.

Cuando los protagonistas se entreguen a la pasi�n amorosa (es decir, follen, pues eso es lo que hacen en su m�s elemental pulsi�n animal), se amar�n con desesperaci�n, con la certidumbre del placer. De repente, el sexo tan proscrito �ltimamente para la imagen, tan enterrado entre equ�vocos en el cine reciente, encuentra su sitio en la pantalla muy cerca del dolor. Y lo hace sin veladuras, sin gestos extra�os, sin miradas oblicuas. Brillante y algo kamikaze una Jessica Chastain sin red.

Y as� hasta que la propia mirada del espectador se intoxica de lo que ve y de s� misma. Hasta el desmayo si es preciso. Direcci�n: Michel Franco. Int�rpretes: Jessica Chastain, Isaac Hern�ndez, Rupert Friend.